Las cuatro estaciones

Francisco Barrera, 1638. Museo de Bellas Artes de Sevilla
Óleo sobre lienzo

167,5 x 247,5 cm. 
Un remanso dentro de tanto cuadro de temática religiosa, estas cuatro pinturas representan un soplo de aire fresco durante la visita al Museo de Bellas Artes de Sevilla. Merece la pena deleitarse con cada una de ellas, ya que el detalle con el que están trabajadas hace que la reposada contemplación tenga su recompensa. Ninguna imagen, por buena que sea, les hace justicia. Menudo catálogo de productos de temporada.

Francisco Barrera, 1638. Museo de Bellas Artes de Sevilla
Óleo sobre lienzo

167,5 x 247,5 cm. 
Francisco Barrera, 1638. Museo de Bellas Artes de Sevilla
Óleo sobre lienzo

167,5 x 248,5 cm. 
Francisco Barrera, 1638. Museo de Bellas Artes de Sevilla
Óleo sobre lienzo

166,5 x 247,5 cm. 

Santas Justa y Rufina (VIII)


Antonio María Esquivel, 1844. Museo del Romanticismo (Madrid)

Óleo sobre lienzo

218,5 x 139,5 cm.
Con Justa a punto de expirar, el sevillano prefiere centrar la atención en el dramatismo de la situación de este gigantesco lienzo. Antonio Maria Esquivel es el pintor romántico español mas significativo. Su obra Los poetas contemporáneos. Una lectura de Zorrilla en el estudio del pintor cada vez va tomando mas y mas fama. 


Antonio María Esquivel, 1846. Museo del Prado (Madrid)

Óleo sobre lienzo

144 x 217 cm.

En Sevilla me llamó la atención su Retrato de Saturnina Moso Villanueva. Tiene algo que no sé describir, pero la imagen cautiva de inmediato.


Antonio María Esquivel, 1845. Museo de Bellas Artes de Sevilla

Óleo sobre lienzo

125,5 x 93 cm.

Santas Justa y Rufina (VII)


Francisco de Goya y Lucientes, 1817. Sacristía de los Cálices de la Catedral de Sevilla
Óleo sobre lienzo

309 x 177 cm.

De todas las representaciones de la pareja de hermanas, destaca por méritos propios la que realizó Goya, con la Giralda y la catedral al fondo, mientras que las mártires tienen entre sus manos la palma y cerámicas. A sus pies yacen los restos despedazados del ídolo de la diosa Salambó. También se muestra a un león lamiendo los pies de Rufina, tal y como se dice que sucedió en el anfiteatro al que el prefecto de la Bética, Diogeniano, condenó a morir a la santa. 

Se dice que el pintor aragonés se inspira en Murillo para representar los rostros de las santas. Yo no lo veo nada claro, al menos, creo que no es evidente. Seguramente, lo que más llama la atención esta pintura sea la mezcla de los colores oscuros y vivos, lo que le da un cierto aire de inusual. 

Podemos ver, además, una versión previa de esta pintura, donde se reconoce perfectamente el estilo del aragonés:


Francisco de Goya y Lucientes, 1817. Museo del Prado (Madrid)
Óleo sobre tabla

45 x 29 cm.

Se dice que Goya no evita inspirarse en Murillo para representar los rostros de las santas. Lo que está claro es que representa la Giralda y la Catedral al fondo, mientras que las mártires tienen entre sus manos la palma y cerámicas. A sus pies yacen los restos despedazados del ídolo de la diosa Salambó y el león, lamiendo los pies de Rufina, como se cuenta que sucedió en el anfiteatro donde murió finalmente. Seguramente, lo que más llama la atención esta pintura sea la mezcla de los colores oscuros y vivos.

Otra de las obras que no pude ver en Sevilla (creo recordar que me dijeron que se estaba restaurando o algo así, la verdad es que no lo recuerdo bien) fue el único Goya propiedad del Museo de Bellas Artes, uno de sus últimos trabajos: Retrato del canónigo Don José Duaso Y Latre.

Francisco de Goya y Lucientes, 1824. Museo de Bellas Artes de Sevilla
Óleo sobre lienzo

74,5 x 59 cm.

Parece ser que este canónigo, vecino y amigo de Goya, escondió en su casa al pintor, que había abandonado la Quinta del Sordo perseguido por Fernando VII. Goya, en agradecimiento, le pintó este retrato.

Santas Justa y Rufina (VI)

En el Ayuntamiento de Sevilla (en el que se puede y se debe realizar una visita guiada, que hay que reservar previamente) también hay una par de interesantes representaciones de la pareja de mártires realizadas por dos autores distintos. 

Juan de Espinal, 1760. Ayuntamiento de Sevilla
Óleo sobre lienzo

168 x 275 cm.

Juan de Espinal fue uno de los máximos exponentes del rococó sevillano. Suyas son, por ejemplo, las pinturas con las que está decorada la bóveda de la iglesia del Salvador, que realizó alrededor de 1775. 


En el Museo de Bellas Artes de Sevilla pueden verse varias de sus obras, por ejemplo, un interesante Arcángel San Miguel, que llama la atención. Parece ser que sus mejores obras están en el Palacio Arzobispal, que se puede visitar, pero de forma muy limitada.



Juan de Espinal, h. 1780. Museo de Bellas Artes de Sevilla
Óleo sobre lienzo

91 x 64,5 cm.
Además de Juan de Espinal, el otro autor que representa a las santas en el Ayuntamiento de Sevilla es Salvador Gutiérrez de la Vega. 


Salvador Gutiérrez de la Vega, segunda mitad del s. XIX. Ayuntamiento de Sevilla
Óleo sobre lienzo

99 x 74 cm.


Salvador Gutiérrez de la Vega, segunda mitad del s. XIX. Ayuntamiento de Sevilla
Óleo sobre lienzo

99 x 74 cm.

La pinturas se encuentran sobre la escalera renacentista, a los lados de una Piedad flamenca de finales del XVIII. 

Santas Justa y Rufina (IV)


Diego Velázquez, 1629-1632. Hospital de los Venerables (Sevilla)
Óleo sobre lienzo

79 x 64 cm.

No tuve la fortuna de contemplar esta Santa Rufina, de Velázquez, en la fundación Focus Abengoa, pues se ha prestado para la exposición de Velázquez en el Grand Palais de Paris, que se celebra del 25 de marzo al 13 de julio, como el resto de las obras de las obras del pintor que hay en el Centro (después de haber pasado por el Kunsthistoriches Museum de Viena). Esto desluce tremendamente la visita al Hospital de los Venerables, a pesar de que, a cambio, el Centro Velázquez expone un Cristo atado a una columna de Pedro de Campaña y una Inmaculada, del maestro y suegro de Velázquez, Francisco Pacheco.

De todas las pinturas de Velázquez que hay en Sevilla, ésta es la más moderna, y se dice que las de mas bella factura, a pesar de que la realizó ya en Madrid.

La atribución del cuadro al pintor sevillano fue objeto de un largo debate desde los años noventa, hasta que finalmente fue debidamente contrastada. Entre los numeroso documentos, argumentos y otro tipo de pruebas que se utilizaron para llegar a la conclusión, se recurrió repetidas veces a la comparación con otra de sus obras.


Diego Velázquez, h. 1632. Museo del Prado (Madrid)
Óleo sobre lienzo

79 x 64 cm.

La Sibila muestra, efectivamente, el cabello sedoso y el mismo tipo de moño que la Santa Rufina del Hospital de los Venerables. La retratada también fue identificada en otras ocasiones con su hermana Santa Justa e incluso con Santa Clara.

Relacionada con la pintura de Santa Rufina, tenemos a la Imposición de la casulla a San Ildefonso, realizada por Velázquez en Sevilla antes de partir para la Corte. La escena contiene lo que se denomina un rompimiento de gloria: una representación del mundo espiritual mediante un recurso que lo separe de la representación del mundo material. 

Diego Velázquez, 1622-23. Hospital de los Venerables (Sevilla)  
Óleo sobre lienzo

142 x 98 cm.

Si se observa con atención el grupo de figuras que están junto a la Virgen, se pueden observar similitudes entre Santa Rufina y la muchacha que está más a la derecha: el delicado cuello o la forma de la cabeza recuerdan bastante a la pintura de la mártir cristiana. Por este motivo, se asegura que ambas figuras toman como modelo a la misma persona, claramente alguien cercano al entorno del pintor, y muy posiblemente, una de las hijas del pintor. También se cree que la modelo de la Sibila es la mujer del pintor, Juana Pacheco.

El Centro tiene otro Velázquez mas, una Inmaculada Concepción, realizada en el taller de Francisco Pacheco, de la que habría que decir varias cosas. 


Diego Velázquez, h. 1618. Hospital de los Venerables (Sevilla)
Óleo sobre lienzo

142 x 98 cm.

Si hubo controversia acerca de la autoría de la Santa Justa, también la hubo con esta pintura, que hasta hace poco tiempo vino siendo atribuida por algunos autores a Alonso Cano, o incluso se llego a pensar en que fuese realizada conjuntamente entre ambos autores.

Esta obra nos lleva hasta Londres, donde reside otra Inmaculada que Velázquez realizó a continuación.


Diego Velázquez, h. 1618. The National Gallery (London)
Óleo sobre lienzo

135 x 101,6 cm.


Aprovecho para recordar que el tema de la Inmaculada Concepción no trata acerca de la maternidad virginal de María, sino de explicar el dogma de que fue concebida sin pecado original, muy popular y controvertido en la Sevilla de aquella época.

Mientras que la pintura residente en Sevilla hacía pareja con la Imposición de la casulla a San Ildefonso en el compás del convento de San Antonio de Padua, la londinense se enfrentaba a San Juan en la isla de Patmos en el hoy inexistente convento de los Carmelitas Calzados.


Diego Velázquez, h. 1618. The National Gallery (London)
Óleo sobre lienzo

135,5 x 102,2 cm.


La relación entre las dos obras de la National Gallery viene a través de una cita del Apocalipsis (12:1-4):

Apareció en el cielo una gran señal; una mujer vestida de sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza, una corona de doce estrellas. 

Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento.
También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos y en sus cabezas siete diademas; y su cola arrastraba la tercer parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese.

En la esquina superior izquierda de la pintura puede observarse dicha visión, que es lo que provoca el nexo entre las dos obras. 

Seguimos con Velázquez y Sevilla, pues ya sólo nos queda por comentar la última obra del genial pintor que está ubicada en su ciudad natal: es el retrato de Don Cristóbal Suárez de Ribera.



Diego Velázquez, 1620. Museo de Bellas Artes de Sevilla
Óleo sobre lienzo

207 x 148 cm.

El personaje en cuestión es el padrino de la mujer del pintor. Es un retrato póstumo; de hecho, la obra se ubicó junto a la tumba de Don Cristobal, situada frente al altar de la Iglesia de San Hermenegildo, donde está enterrado el clérigo y administrador de la hermandad dedicada a la veneración de dicho rey santo. Esta es la razón por la que se puede ver un ciprés a través de la ventana situada en la esquina superior derecha de la imagen.

Nada mejor para terminar el artículo que retomar el tema de las Santas Justa y Rufina con dos pinturas de Francisco Pacheco, suegro de Velázquez.


Francisco Pacheco, 1612-18. Colección privada

No se han podido precisar la técnica empleada

ni las medidas originales