«Fuego blanco. La colección moderna del Kunstmuseum Basel», en el Museo de Arte Reina Sofía

Impresionante exposición en el Museo de Arte Reina Sofía con una selección de cien obras de la colección de arte moderno del Kunstmuseum de Basilea, debido a la remodelación de su sede en Suiza. Esta colección, comenzada en 1936 por el conservador del museo Otto Fischer, adquirió en esa época obras de Kokoscha, Nolde y Lovis Corinth, para más tarde nutrirse a precio irrisorio de obras de la exposición Entartete Kunst (Arte degenerado), la muestra que organizaron los nazis en Munich en 1937 para denigrar los nuevos estilos de arte moderno y poner en su contra a la opinión pública.

Figura y máscara lleva en el museo desde 1944 y su salvaje tratamiento del color y su vigoroso trazo impresiona nada más verla. El expresionismo alemán no deja de asombrarme cada vez que lo contemplo personalmente. Estoy obligado a viajar antes o después a Munich, Dresde, Düsseldorf, Essen o Berlin para jartarme de él.

Emil Nolde, 1911. Kunstmuseum Basel
Óleo sobre lienzo
78 x 47,5 cm.

Para terminar de ilustrar la exposición, también he seleccionado Ecce Homo, de Lovis Corinth:

Lovis Corinth, 1921. Kunstmuseum Basel
Óleo sobre lienzo
190,7 x 150,6 cm.

Este enorme lienzo atrae fuertemente la atención del observador toda vez que éste haya fijado los ojos sobre él. La expresividad de los rostros es impactante; la sensación de desolación, inmediata. El autor se representa a sí mismo como Cristo, entre pinceladas violentas y un espectacular tratamiento del color que ninguna reproducción es capaz de transmitir.

Cuando estaba contemplando la obra, me resultaba difícil concebir que se estuviera representando una escena de otro tiempo, ya que me resultaba tremendamente actual. Raras veces he experimentado una impresión así.

De Lovis Corinth, lamentablemente, sólo se puede admirar una obra en España de forma permanente, titulada Modenschau (Desfile de modelos):


Lovis Corinth, 1925. Museo Thyssen-Bornemisza (Madrid)
Óleo sobre lienzo
201’5 x 100 cm.

Le grand bal (El gran baile)

Santiago Rusiñol, 1891. Colección Masaveu
Óleo sobre lienzo

71’5 x 59’5 cm. 
El modernismo catalán se caracterizó por intentar conectar con las ideas internacionales y escapar de las limitaciones del ambiente provinciano de la época. Desde mi humilde punto de vista, la pintura catalana, ya desde Fortuny a mediados del siglo XIX, debería reivindicar una consideración muy superior a la que posee actualmente dentro de nuestro arte. 

Si hace unos meses hablábamos de Pere Borrell y citábamos el Museu del Modernisme, ahora le toca el turno al barcelonés, del que, aunque varias de sus obras se encuentran dispersas por diferentes lugares (las más importantes, sin duda, las de la colección Masaveu, como la que nos ocupa), para hacerse una idea global de su trayectoria podemos dirigirnos al Museu Cap Ferrrat en Sitges (ahora convertido en sección del Museu Nacional d’Art de Catalunya). 


Si hace unos meses hablábamos de Pere Borrell y citábamos el Museu del Modernisme como obligado lugar de peregrinaje a todos los amantes de esta corriente, ahora le toca el turno a la casa museo del  pintor barcelonés: el Museu Cap Ferrrat en Sitges (ahora convertido en sección del Museu Nacional d’Art de Catalunya). Su obra se encuentran dispersas por diferentes lugares (las más importantes, sin duda, las de la colección Masaveu, como la que nos ocupa), pero indudablemente, esta visita es también obligada. En ella se encuentra, por ejemplo, La  casa de préstecs (La casa de empeños):

Santiago Rusiñol, 1889. Museu Cap Ferrat (Sitges)
Óleo sobre lienzo

97,8 x 130’2 cm. 

Es particularmente interesante la loggia del piso superior, donde  destacan las alegorías La poesía, La música y La pintura, en tres ojivas de la sala y el óleo La morfina, todas obras de 1894.  

La reproducción no es muy buena, pero es la que proporciona el museo

Santiago Rusiñol, 1894. Museu Cap Ferrat (Sitges)
Óleo sobre lienzo

115 x 87’36 cm. 

Erotique Voilée

Man Ray, 1933. Colección privada
Gelatina de plata sobre papel
29’4 x 22’6 cm.


Se dan muchas interpretaciones a esta fotografía, pero yo me quedo con la más simple. La modelo, la artista Méret Oppenheim, ha salido de la prensa con un borrón de tinta en el brazo, velada, como le sucedía a las fotografías cuando recibían un exceso de luz. Es un simple juego de metalenguaje entre grabado y fotografía: sirve para ver las similitudes y las diferencias entre ambas técnicas.

Sans titre (Sin título)

Joan Miró, 1934. Colección Abelló.
Pastel y tinta sobre papel

63 x 46’5 cm.


La colección Abelló demuestra ser una de las mejores colecciones privadas que hay en España. Ademas de tener una amplia representación de pintores de todas las épocas, cuida también el dibujo, cosa poca usual en el coleccionismo español. Esta deliciosa obra de Miró es uno de los múltiples ejemplos que contiene. La verdad, no entiendo el significado del dibujo (conociendo que Miró estaba fascinado por la pintura automática, mi pretensión incluso sea un sinsentido), pero da la sensación de intentar representar diferentes estados de la transformación de la figura superior en la inferior derecha, en una sucesión cíclica, es decir, que la última figura se transformase de nuevo en la primera.